PRESENTACIÓN DEL LIBRO MIS TRES VIDAS: LA PÚBLICA, LA PRIVADA Y LA SECRETA Relatos de un compañero italiano en las filas del MIR
Un nuevo libro relacionado con la memoria histórica rebelde se presentó el sábado 15 de marzo en el Café Lulú Jazz de Valparaíso. Este pequeño y acogedor café, ubicado en calle Huito325, muy cerca de la Plaza Victoria, se ha transformado en un espacio para la difusión cultural y política, por fuera de los lugares institucionales formales.
En esta oportunidad se realizó el lanzamiento del libro “Mis tres vidas: la pública, la privada y la secreta”, Memorias de un re-sistente, del autor Giorgio Novelli, un compañero italiano que militó en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, resistiendo y combatiendo a la dictadura.
Luis Aguirre, compañero de militancia y lucha de Giorgio Novelli, introdujo la actividad relatando lo siguiente:
“Jano fue uno de los últimos compañeros que vio viva a mi hija, la joven combatiente Paulina Aguirre, él pudo estar en su cumpleaños número 21, un veintiuno de diciembre de 1984, hace cuarenta años. Estoy muy emocionado de nuevamente encontrarlo, sobre todo por saber que estuviera vivo, porque no sabía si estaba vivo o muerto, porque anduvimos en cosas bastante
fuertes y de las que el MIR nunca ha podido hablar de eso, como dicen los cubanos, tenía que ser en silencio y tendrán que seguir muchas cosas en silencio. Me tocó encontrarme con este compañero, ya no recuerdo si el 80 o el año 81 en un grupo que Jano llamaba los “Robin Hood”, que por un lado tenía que juntar plata para la Resistencia chilena y, por otro lado, teníamos que intentar detener al Comandante Cero, el dinero y el armamento que le hacían llegar por la frontera de Nicaragua, que le hacía llegar la CIA. Ahí nos tocó trabajar entre Panamá, Costa Rica, El Salvador. Después, por esas cosas de la vida, le toca a él entrar a Chile y empezar a trabajar con mi hija.
Para mí, la reflexión de su libro es que se trata de un libro que recorre varias décadas de su vida y sus vueltas por el mundo. En esas vueltas, por el año 74-75 se encuentra con compañeros simpatizantes, ayudistas del MIR, que quedaron después del golpe y esos mismos compañeros, después, también nos ayudaron a nosotros en el Destacamento Guerrillero de Neltume, la Mari y su hermano Jorge.
Muchas cosas en la vida nos han ido juntando con “Jano” y ahora este libro nos junta aún más. Pero yo quería reconocer, en su persona, a todos eso compañeros que fueron del MIR, que fueron mexicanos, panameños, argentinos, ecuatorianos, peruanos, ingleses, franceses, belgas, holandeses, brasileros. El MIR tuvo una llegada internacionalista muy grande, sin nosotros tener una política internacionalista, pero nos llegaban compañeros de todas partes del mundo que querían ser ayudistas, simpatizantes, militantes del MIR. Eso nunca tampoco se ha hablado y quería agradecer a todos esos compañeros, me emociono mucho, de todos esos países, que estuvieron dispuesto a dar la vida por el triunfo de este proyecto que encarnaba el MIR, por la ética que tenía el MIR, por el comportamiento que tuvo toda la vida el MIR, mientras duró su lucha. En él, en el compañero “jano” aquí con nosotros, yo reflejo eso.
El libro se llama “Mis tres vidas: la pública, la privada y la secreta” y, realmente, el compañero supo llevar muy bien su vida secreta. Nunca supimos quién era, de dónde venía, que es lo que hacía, nada. Cumplió todas las medidas de seguridad y compartimentación las cumplía a rajatablas, y hay un párrafo aquí dónde él dice “no sé por qué estoy vivo” y justamente por eso estás vivo, Jano”
Luego de la intervención de Luis Aguirre, tomó el micrófono el compañero Giorgio Novelli, para presentar su libro, manifestando:
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Giorgio Novelli |
“Gracias “Teo”, gracias Luis, gracias a todas y todos quienes han venido hasta acá esta tarde en Valparaíso. Siempre es hermoso encontrarse con las compañeras, con los compañeros.
Encuentros y reencuentros entre compañeros, ha pasado aquí, me pasó en Temuco, en Santiago, en presentaciones del libro. No solamente encontrarme personalmente con algunos
compañeros y compañeras, sino también se producen reencuentros entre las personas que acuden y que eran años que no se veían, o que habían perdido los contactos. Me ha producido una gran alegría que el libro fuera como un medio para reencontrarse. Además de hacer memoria es importante también que los que estamos nos mantengamos unidos, mantengamos los contactos y hay una frase en italiano que dice “restiamo umani”, sigamos siendo humanos, esa humanidad no tenemos que olvidarla ni perderla; además el compromiso, nuestros ideales, la causa por la cual cada uno ha luchado y sigue luchando, cada uno en su frente, en su cotidiano.
He hecho de todo, pero esta vez traté de meterme en este arte del escritor, no sé si lo he logrado, pero por lo menos fue un intento que empezó hace más de dos años atrás. Ha sido una necesidad personal de mantener viva la memoria y, también, como un trabajo terapéutico de sanación, de sanar la herida del pasado que hemos todos tenidos, pero que tenemos que convivir con ello y seguir adelante. Para mí, personalmente, ha sido un ejercicio importante.
El libro es fruto de conversaciones con una amiga que me ha ayudado, registrando todo lo que han sido mis aventuras, empezando mi viaje y encontrándome con distintas realidades. Primero un viaje a la India, que también ha significado algo distinto, que me ha ayudado a lo que han sido los siguientes compromisos, porque también la India ha significado un recorrido interior que me ha dado fuerza para enfrentarlas situaciones que han venido después. Todo eso ha sido un trabajo de dos años, no solamente escritura, sino recopilaciones de fotos, cartas enviadas a mi familia, cartas, dibujos y fotos. Colocando los viajes en el contexto histórico en que se producían. Esa perspectiva me interesaba resaltar, no es un puro cuento de aventura, un cuento de memoria, también he tratado de trasmitir una manera distinta de enfrentar la vida, de luchar por una causa, como italiano, pero también con una visión para las nuevas generaciones, para la juventud, que debe tener un sentido más profundo de compromiso.
He recorrido varios continentes y donde más me he quedado es en Chile, porque digo que he vuelto a nacer en Chile, ha sido mi segunda, pero muchas veces mi primera patria. Luis hablaba de un encuentro en Temuco y uno de los capítulos se llama encuentros inolvidables en Temuco, donde me he encontrado con las personas, después con los compañeros, con la situación de Chile en el período de la dictadura y con el MIR en particular, tomando ese compromiso con el país.
Quisiera leerles algunos párrafos de este libro, partiendo por una frase de Antonio Gramsci, que refleja mi posición en los compromisos, dice “odio los indiferentes, creo que vivir es tomar partido. Quien verdaderamente vive no puede dejar de ser ciudadano ni de tomar posición. La indiferencia es abulia, es parasitismo, es cobardía, no es vida, por eso odio a los indiferentes”. Esa es mi posición, porque viendo una realidad uno no se puede quedar indiferente. Cuando vine a Chile, ahí tomé partido y empezó mi compromiso.
Una parte importante de mi vida ha sido la fotografía y se refleja en las fotos que están en el libro. Quería leerles cómo nació esa pasión por la fotografía: cuando todavía estaba estudiando nació en mí la pasión. Mi padre era un apasionado en tomar fotos, su profesión era abogado, pero dentro de sí era un artista en varios campos, le gustaba mucho, entre otras cosas, dibujar, pintar y, además, la fotografía. Por ejemplo, cuando iba de vacaciones, en vez de comprar las
postales como se acostumbraba en esos tiempos para enviar saludos a familiares y amigos, él mismo dibujaba la tarjeta, representando los paisajes donde estaba.
Una fotografía de Girgio Novelli utilizada en una postal del Codepu V Región
El viaje a la India, como les comentaba representó más bien un viaje interior, de búsqueda interior. Distinto fue el viaje por América Latina que hice después y donde realicé un viaje hacia afuera, de compromiso, de conocer y de sentirse parte de este continente, que para mí sería mejor llamarlo Indoamérica, en vez de América Latina. En realidad, no se me ocurrió a mí, sino que José Mariátegui hablaba de Indoamérica.
Mis recuerdos son de una naturaleza desbordante y salvaje, nunca vista antes y que, después, por desgracia, se fue perdiendo, sea por la construcción de la transamazónica, por los incendios y deforestaciones causadas por los blancos en busca de tierra donde poner sus enormes cultivos de soya y crianza de ganados. A veces, en el trayecto, nos cruzábamos con canoas donde iban familias de indígenas, trasladándose a sus comunidades o en sus actividades de pesca y caza.
Sobre el encuentro en Temuco: aquellas noches de toque de queda, tratábamos de pasar algunas horas agradables en compañía, pero siempre con la preocupación de lo que podía pasar viviendo en dictadura, No faltaba quien tocaba guitarra, ahí comencé a conocer la música de Víctor Jara, Inti Illimani, Quilapayún, degustando el buen vino chileno y su rica comida, además, compartíamos lecturas de libros milagrosamente y cuidadosamente conservados, rescatados de las quemas de cultura impuesta por la dictadura. Fue así que me prestaron un libro de Ernesto Cardenal en Cuba, forrado en papel de periódico para que no se viera su título. Ese mismo libro,
en italiano, se lo regalé a mi padre en su cumpleaños del 30 de julio de 1978. Le escribí la siguiente dedicatoria: la revolución es sobre todo una cuestión de amor. Hacer la revolución significa sentir un gran amor para los demás. Fueron varias las despedidas en Temuco, todas muy emotivas y llenas de promesas, seguramente, una de las personas que más recuerdo y que influyó en mi decisión futura de ingresar al MIR, fue Mari, que al partir me entregó una postal que aún conservo, donde me invitaba a seguir en mi compromiso con Chile y la lucha de su pueblo.
Son setenta años y quise meter todo en este libro, pero, tal vez, este libro es para muchos otros libros también. Cada parte es un libro, pero puse muchas cosas y no faltará la oportunidad de escribir otro libro para profundizan algunos temas.
Respecto a Nicaragua, ahí trabajé como fotógrafo de la Revolución Sandinista, me ofrecí apara trabajar con ella como fotógrafo para documentar todas las actividades del Ministerio y crear así un archivo fotográfico necesario para cualquier ocasión. La idea fue aceptada y comencé a trabajar en el equipo de comunicaciones. Tenía mi propia cámara fotográfica.
Fotografía de Giorgio Novelli en portada de boletín
Las películas eran en blanco y negro y muchas veces me las enviaban colaboradores desde Italia, constituida sobre todo por mi hermano Gianni y mi amigo Enrico. El laboratorio fotográfico lo pude montar gracias a la solidaridad internacional. De Nicaragua partí a Cuba y entregué todo el
material no podía, por supuesto, llevar ningún negativo, entregué todo en Nicaragua y sigo viendo algunas de las fotos que tomé en ese tiempo, todavía aparecen en algunos libros sobre Nicaragua, en alguna publicación. Mi paso por Nicaragua sirvió para documentar y trasmitir ese espíritu de los primeros años de la revolución. Yo vivía con los campesinos y pintores en Solentiname y Ernesto Cardenal vivía al frente. Ernesto Cardenal era una persona muy sencilla, siempre con su boina negra en la cabeza, vestido con jeans y cotona blanca, pero con un gran carisma que emanaba a su alrededor. Durante el tiempo que estuve ahí, vinieron a nuestra casa Cardenal, el escritor Eduardo Galeano, el poeta Mario Benedetti, ambos uruguayos, y el escritor argentino Julio Cortázar. Ese encuentro está en mi memoria, estar ahí escuchándolos, viéndolos, viviendo ese momento histórico. Me considero un afortunado de haber podido vivir el primer año de la Revolución Sandinista con todo lo que implicó aquel entusiasmo, de aires de cambio, de esperanzas de construir un país distinto basado en los principios de libertad, igualdad y fraternidad. Lo que está pasando ahora en Nicaragua no tiene nada que ver con los ideales sandinistas del comienzo.
Otra etapa importante en Temuco fue el contacto con los pueblos originarios con mi trabajo de fotografía. En el período que trascurrí en Temuco, capital de la región de la Araucanía, pude tomar contacto con varios dirigentes indígenas que estaban organizando su lucha contra la política del régimen y formando la organización ADMAPU, el mejor reflejo de la tierra. A través de ellos pude entrar en sus comunidades y conocer mejor este pueblo originario. Participé en sus ceremonias religiosas, sus encuentros de fiesta y juego, su cosecha. Comí con ellos y dormí en su casa compartiendo el calor del fogón. Aquí tengo una anécdota, porque participé en un concurso fotográfico estando clandestino en Santiago, el tema era deportes, yo presenté una foto del palín, la chueca, y me gané el concurso, el primer premio y no pude ir a retirarlo porque estaba clandestino y es la única vez que me he ganado un premio. Cosas de la vida.
Si sigo leyendo no van a tener nada que leer, también dejo lo de la brigada secreta como más secreta, para que la vayan a descubrir en la lectura. Un último párrafo en relación a lo que pasó el año 85, no solamente el asesinato de Paulina Aguirre, sino que dos meses antes fue la desaparición de Sergio Ruiz Lazo, que es uno de los últimos desaparecidos durante la dictadura, que también pertenecía a nuestro grupo operativo, que fue el 21 de diciembre de 1984. Quería hablar de ello para rendirles un homenaje a los que han entregado su vida y recordarlos. Paulina también ha sido un poco olvidada, por eso recordarla a ella, a Sergio y a todos los compañeros y compañeras que han entregado su vida a una causa. Esta vez la estadía en Chile fue bastante traumática y dolorosa, fue volver a un pasado que a veces quisiera olvidar, aunque es muy cierto cuando se dice no hay futuro sin memoria. Un pasado trágico del cual, hasta este momento no había querido hablar con nadie. Volvieron a aflorar también los recuerdos de la muerte de Paulina, con el ejercicio de memoria que ayuda a sanar la herida del pasado. Recordar aquellos días de dudas sobre qué hacer, los momentos de miedo y de incertidumbre, de soledad, y preguntas sin respuestas, con el aparato represivo de la dictadura que nos buscaba, nos tenían cercados. Las pesadillas volvieron a la mente, tal vez nunca se habían ido y hasta hoy día, a veces, me acompañan en mis noches solitarias. Sueño con ser perseguido, de huir de algo, de participar en alguna acción y yo pensando en quien no logró sobrevivir. Aquellos ausentes que están siempre presentes.”
Luego de los relatos y lecturas de distintos párrafos del libro realizados por el autor, se produjo una interacción con las personas presentes, que plantearon algunas preguntas.
¿Cuál es el enlace entre tus viajes como “turista” de izquierda, me acordé de los viajes en motocicleta del Che, y de repente aparece una persona que está metida en la lucha clandestina, qué pasó entre los dos, o son dos personas distintas?
Responde Giorgio:
“Siempre es la misma persona, solo que, en momentos distintos y complementarios, porque igual siempre mi mirada era hacia los demás, mirando y escuchando lo que me pasaba alrededor. Faltaba transformar esa mirada en algo concreto y agradezco al MIR que me dio la oportunidad de poder participar, porque también para mí fue un honor poder participar en esa lucha e ir a Cuba y volver. Ahora soy todas esas vidas, la pública, la privada y la secreta. No me arrepiento de nada, no reniego todo el pasado, volvería a hacerlo, es toda una continuidad. Uno de repente va por distintos lugares y contextos históricos.”
Tú fuiste clandestino, ¿alguna vez pensaste, en relación con otra gente extranjera que fue clandestina que podrías desaparecer y nadie supiera dónde estabas y quién eras?
Giorgio:
“Si, estaba dentro de las posibilidades, de hecho, dejaba cartas para mi familia y pensaba que cada operación que hacíamos podía ser la última. Era la mística del sacrificio, hay una frase que dice algo así como aquí en este lugar hay que ser el último en tener, el último en dormir, el último en comer, y el primero en morir. Si estaba contemplado eso, pero uno no lo pensaba, lo hacía no más. Ingresé clandestino el 80, tenía 28 años”
Al leer el libro me parece que tuviste una buena influencia cristiana, de tu familia, y se nota, porque nombraste varias veces a Ernesto Cardenal y su proceso dentro de Nicaragua. Cuando llegas acá y llegas a tener esta simpatía, digo simpatía por lo que leí, en primera instancia con el MIR y desde ahí como que tienes un enganche con el proceso revolucionario con América Latina y tu paso por acá. Me gustaría que comentaras algo más de lo que es la cultura mirista en ese período, en Temuco, sobre todo, que es donde está el mayor acercamiento.
Giorgio:
“Yo había participado antes en el movimiento del 68 en Italia, en Roma, todo lo que fue el movimiento estudiantil del 68, del mayo francés, entonces ya había militado en una organización de izquierda, Avanguardia Operaia (Vanguardia Obrera), Lotta Continua (Lucha Continua), que había hecho toda una campaña llamada “armas para el MIR”, el año 73,74. Me recuerdo de las manifestaciones que hicimos con la muerte de Miguel Enríquez, entonces había, de todas maneras, un acercamiento a Chile. También haber visto los años de la Unidad Popular y en Italia se hablaba mucho del proceso de Allende, de la vía chilena al socialismo. Yo no quería entrar a Chile, porque había dictadura, llegué primero a Brasil y desde ahí iba a viajar, pero no quería entrar a Chile. Las circunstancias se dieron y entré por el paso Pirihueico, por el Complejo Maderero Panguipulli y llegué a Valdivia y luego a Temuco. También en esa época estaba lo del Che Guevara. Había estudiado también antropología, me interesaban los pueblos originarios. Al
MIR lo encontraba el más cercano, que se identificaba con mi trayectoria, con mi pasado de militancia en Italia. También teníamos como referente a la Revolución Cubana. Eso era mi cercanía con el MIR.
Guillermo Correa Camiroaga, Valparaíso 17 de marzo 2025
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