Desde hace mucho tiempo que tenía ganas de escribir un pequeño r elato en relación al gran número de inmigrantes haitianos que trabajan como vendedores de “súperocho”. Desde el primer momento en que los observé, me llamó la atención que fuera precisamente esa galleta bañada en chocolate el producto que comercializaban. Me pareció que no era algo casual y que detrás de esto podría haber una utilización comercial con claros rasgos racistas, ya que en nuestro país precisamente a las personas de piel obscura se les llama despectiva y/o burlonamente como “súperocho”. Traté de averiguar cómo habían llegado a desarrollar esta actividad, pero tuve dificultades de comunicación con algunos con los cuáles intenté obtener información, ya que no hablaban bien el castellano y yo no entiendo nada del idioma haitiano o creol. Las respuestas siempre eran escuetas y se resumen en un p...
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