En el patio de la casa central de la Universidad de Playa Ancha en Valparaíso se realizó hoy lunes 31 de agosto un acto en conmemoración de Marcelo Barrios, esta actividad fue organizada por el centro de alumnos de la carrera de Historia y Geografía, junto a Gladys, su hermana, y compañeras y compañeros de militancia y lucha de Marcelo Barrios, estudiante de esa casa de estudios a mediados de los años ochenta, momento en que se integra como militante y combatiente popular al Frente Patriótico Manuel Rodríguez.
Marcelo Barrios fue asesinado un 31 de agosto de 1989 por integrantes de la Armada de Chile, quienes montaron un gigantesco operativo en torno a la casa que habitaba en la población 18 de septiembre del cerro Yungay, para atacarlo de manera brutal con armamento de guerra, darle muerte mediante ráfagas de fusiles y destruir su casa con granadas. La prensa oficial informó de la muerte de Marcelo en un enfrentamiento armado, en un montaje comunicacional utilizado frecuentemente por la dictadura civil militar para encubrir la ejecución de las y los luchadores populares en los denominados falsos enfrentamientos.
Ante la presencia de decenas de estudiantes, Gladys Barrios hizo una extensa, hermosa y emotiva semblanza de su hermano Marcelo, desde su tierna infancia en Punta Arenas junto a toda su familia, hasta su compromiso político social que lo llevó a utilizar todas las formas de lucha, incluyendo la armada, para enfrentar con decisión a la dictadura encabezada por Pinochet.
Transcribo a continuación las palabras expresadas por Gladys Barrios:
“Qué lindo es estar en este lugar tan simbólico que recuerda a profesores, estudiantes, administrativos de esta universidad que creyeron y después lucharon por la construcción de una sociedad totalmente opuesta a la que vivimos ahora, una sociedad capitalista inhumana, despojadora, es criminal, y ellos querían otra, aspiraban a una sociedad socialista, comunitaria, igualitaria, amorosa. Verlos a ustedes aquí reunidos en este lugar es hermoso.
Mi hermano Marcelo viene de una familia de extracción obrera, era el séptimo hijo, el más chiquitito, el regalón. Nació en Santiago y a los 2 años, por razones de trabajo de mi papá, que ya, además, tenía que ver con el gobierno de la Unidad Popular, porque el nace el 19 de noviembre del año 67. Justo cuando nace había mucha convulsión social en esos años, estaba de presidente Eduardo Frei Montalva, hacía poco que la revolución cubana había triunfado, había muchos países queriendo terminar con la explotación y en Santiago ese día había un paro por mejoras en la salud pública, por lo cual mi mamá tuvo a su bebe ahí como pudo y llegaron los milicos que iban a custodiar el hospital porque había mucha efervescencia, mucha protesta, que la reprimen, como siempre, nuestras voces de protesta siempre son acalladas por la metralla. Entonces, cuando llegan los milicos, que llegaron con fusiles, ella toma a su bebé y se va a la casa. Mi hermano mayor tenía en ese tiempo 19 años, esa era la diferencia entre Marcelo y él, mi hermana 18 y ellos toman a su hermanito, a mi mamá y su bebé y parten a la casa.
En el tiempo de Salvador Allende hizo un aumento de sueldo para todos los trabajadores, por lo que mi papá también se vio beneficiado, aparece un trabajo donde a él lo ascienden de obrero que era, no recuerdo si tenía alguna especialidad como albañil, pero a él le dan la posibilidad de trabajar como jefe de obra en la construcción de la Universidad Técnica en Punta Arenas.
Ahí partimos todos con mi familia, Marcelo tenía 2 años cuando llegamos allá y ahí comenzó la vida de él. Como les digo, era súper regalón, pero como que siempre él se salía del molde, desde chico, porque recuerdo que en esos años las familias eran igual, yo creo como las familias de ahora, cuando un familiar está mal se lo llevan para la casa, lo apañan, al final, en nuestra casa éramos como quince , porque mi hermano mayor se casó, llegó la señora que estaba embarazada, nació la guagua, mi mamá llevó a dos hermanos, al final éramos muchos los que vivíamos ahí, pero era toda una alegría familiar. Los papás nunca nos compraban ropa de marca ni nada de eso, sino que lo importante era tener la comida segura.
Como nació mi sobrina, que era la primera sobrina y la primera nieta, y el Marcelo tenía 3 años, y era tan regalón de todos, éramos quince en la casa, entonces él se puso celoso porque se sintió desplazado, y tenía una maleta chiquitita y ahí echó su osito, que era con el que él dormía, su chupete y la mamadera y ¡se fue, en Punta Arenas, frío, lluvia! Y, de repente, dónde está el Marcelo, nadie lo encontraba, pero al final lo encontramos. Cosas así. Recuerdo que vimos en la tele, donde un vecino que tenía, porque todos íbamos a ver la tele a la casa del vecino, porque no todos tenían tele, esas teles en blanco y negro, y era una película de monitos animados, era una sociedad de monitos donde todos tenían la cabeza en punta, pero había uno que nació con la cabeza redonda, y como era distinto, fue exiliado del país. Eso a Marcelo, que era chico, le produjo una pena espantosa.
Lo más terrible fue cuando, a los pocos días del golpe, en ese barrio que era popular y populoso, el barrio Prat, donde había mucha gente que creía y luchó por el gobierno de la Unidad Popular, entonces, fue una población muy reprimida en Punta Arenas. Tiene que haber sido como el 13 de septiembre, el toque de queda empezaba a las 3 de la tarde, y un vecino, que él era dirigente nuestro en ese tiempo, él sale a comprar, él era zapatero, y sale a comprar, pero yo creo que también él salió porque era como una forma de decir no acepto el que hayan bombardeado La Moneda, no acepto que el presidente esté muerto, no acepto que nos estén jodiendo, y él sale y llevaba algo en la mano. Todos estábamos mirando, me acuerdo que nosotros desde el baño de nuestra casa podíamos ver, y llega una patrulla militar y algo ahí como que hablan y él tira lo que llevaba en la mano y en ese minuto le disparan y lo matan. Y eso, todos los ojos que estábamos ahí, lo vimos. Lo toman y lo tiran a un camión y se van y al día siguiente van donde la viuda, le llevan el cuerpo muerto, entran a la casa y lo tiran muerto arriba dela mesa del comedor. Eso impresiona a un niño. También cuando andaba en bicicleta y de repente un milico lo hacía parar y lo molestaba diciéndole por qué no tienes patente, asustaban a los niños.
Así fue creciendo Marcelo en Punta Arenas, con juegos, como todos los niños, iba a una escuela pública, la Escuela 15, y, como a los 12-13 años comenzaba a leer, empiezan a hablar con otros niños, en el entorno hay presos políticos, sigue habiendo toque de queda, hay miedo, en fin, y él comienza a leer mucho, conocer personas, empieza a relacionarse con viejos luchadores que estuvieron presos en la Isla Dawson, pero no los presos vip de la Isla Dawson, sino los presos del pueblo que se llevaron para allá y que en las peores condiciones los tuvieron. La barcaza en la que se iba a la Isla llevaba los cuerpos amarrados a la barcaza y durante todo ese trayecto ese cuerpo iba golpeándose, los hacían caminar descalzos en las piedras frías, con hielo y con vidrio picado, los hacían trasladar montones de palos, aparte de todas las torturas que sufrieron. Marcelo conversaba con esos mismos dirigentes, aparte de todo lo que leía, la revolución nicaragüense estaba el 79 había triunfado, estaba la revolución cubana, que no había sido tan lejana, que había triunfado, en fin, el Che, que para él el Che era como una luz, un faro a seguir. Entonces comenzó a los 13 años con sus amigos, sus compañeros a organizarse en el colegio cuando entran a enseñanza media y forman la FES, la Federación de Estudiantes Secundarios y comienzan a levantar las típicas demandas del pase escolar, la elección libre y democrática de sus representantes estudiantiles, el tener el derecho a una colación, todo lo que por lo que se ha luchado durante tanto tiempo. Él había ingresado, a los 13 años, a las Juventudes Socialistas, en ese tiempo que era Almeydista allá, no los socialistas ni el Partido Socialista de ahora, en ese tiempo ellos seguían manteniendo una postura revolucionaria, con un norte la toma del poder por la vía insurreccional, y Marcelo, en todo su quehacer, se va organizando con otros chicos, hacen trabajo poblacional, mucho. Desde ahí nace la idea y la necesidad, pues comprende que es necesario, que nosotros como pobladores, porque además de pobladores ahí somos trabajadores, en el seno de la población estamos todos, los trabajadores, los profesionales, todos, entonces comprende la necesaria organización dentro de la población.
Sigue avanzando, pero se da cuenta que, contra tanta bala, contra tanta muerte, era necesario también tener una postura y responder a esa violencia estatal con una violencia revolucionaria, que es absolutamente legítima. Él busca y cuando se viene a estudiar aquí, a esta universidad, el año 87 llega a estudiar Historia y Geografía, y él ingresa al Frente Patriótico Manuel Rodríguez, ya como un Frente Autónomo, escindido del Partido Comunista que ya se había alejado de la lucha por la vía armada. Y en ese andar, posteriormente él es asesinado en el cerro Yungay el 31 de agosto del 89, fue un día jueves, asesinado por la Armada chilena, por la infantería de marina, con sus uniformes de infantes, llevaban armamento de guerra, explosivo plástico, fusiles, granadas. Con él ya muerto, en su casa hacen explotar unas granadas. Hay versiones, nunca sabremos realmente que pasó en ese lugar, hay testigos que dicen que Marcelo alcanza a disparar dos tiros y es acribillado en ese minuto, que lo ingresan a la casa y que ahí hacen explotar cuatro bombas que tenían, antes ya habían puesto una en la ventana, hay mucha ráfaga, destrozan el piso, la pared, el techo, todo queda destrozado y se llevan todo. Cuando nosotros fuimos a la casa de Marcelo, no encontramos nada de él, no había nada, no había ropa, nada, todo se lo llevaron. Lo único que encontramos de él, que ellos dejaron, fue una agenda, un carnet de identidad antiguo y un poncho que yo le había regalado, y ese poncho estaba, además, roto y rasgado, por corvos me imagino, y una taza totalmente destrozada, hasta los maceteros con balas, la taza del baño rota, todo. Fue algo feroz, además que atemorizaron ese cerro, atemorizaron a toda esa población ese 31 de agosto, porque desde Avenida Alemania hasta Progreso, que son muchas cuadras, y también para los lados, había infantes de marina en las escalas que impedía que la gente subiera o bajara del cerro, hicieron el corte luz, en fin. O sea, fue un acto absolutamente de guerra, como ellos mismos lo describen dentro del proceso.
Lo pudimos recién sepultar recién después de 6 días, porque el Fiscal Naval no permitía, primero, que pudiéramos ir a reconocerlo a la morgue, y segundo, cuando lo reconocimos, nos impedía trasladarlo, porque en ese tiempo mis papás vivían en Santiago, nos impedían su traslado de Valparaíso a Santiago. A él lo matan un día jueves, recién el día lunes lo pudimos reconocer, en la morgue lo único que le vimos fue la cara, porque del cuello hacia abajo tenía un saco blanco cosido. Yo andaba con una grabadora, porque andaba consiguiendo testimonios, que era difícil, porque la gente estaba muy asustada, nadie decía nada, y le pedí a la persona del Servicio Médico Legal que por favor me pasara el informe de la autopsia, y siempre hay personas valientes, así como lo fue el compañero que le avisó a Joan Jara que Víctor estaba muerto, entonces él me lo pasa, yo lo leo y lo grabo y ahí supimos lo que había ocurrido, que eran balas, era traumatismo esquelético visceral por proyectiles lo que lo había matado y no como decía la prensa, ya que el día 1° de septiembre El Mercurio decía que se había auto eliminado con una bomba y que él se había enfrentado a Investigaciones y no a la Armada, Investigaciones también encubre en ese minuto a la Armada.
Como les decía, no nos dejaban irnos a Santiago, pero acompañados de la solidaridad del pueblo, de todos los estudiantes de ese tiempo de la UPLA, de pobladores, estuvieron con nosotros desde la mañana hasta como las ocho de la noche, para poder recién irnos a Santiago. Cuando llegamos a Santiago mi mamá lo quería velar en la iglesia donde fue bautizado, porque mi mamá era muy creyente, y al otro día partimos con él al Cementerio General para su funeral, pero cuando van a pagar el nicho le dicen que no, porque el Fiscal Naval niega que se entierre el cuerpo. Tuvimos que dejar ahí a Marcelo en un congelador en el cementerio, salir a denunciar lo que pasaba, y al otro día, que era el 4 de septiembre del año 89 lo pudimos sepultar. Se podrán imaginar todo lo que eso puede significar, no es solo el acto, sino todo lo que lo rodea, la ´pérdida, los “sapos” que te seguían a todos lados, que iban a tu casa. El día 6 de septiembre lo sepultamos, junto con Jécar Nehgme, a Jécar lo habían asesinado el 4 de septiembre del 89, él fue un dirigente político del MIR, entonces había mucha gente en el cementerio. Estaba Marcelo en este nicho y Jécar acá arribita: Fueron sepultados. Después, el año 2008 trasladamos a Marcelo desde ese nicho hasta el Memorial de Detenido Desaparecido y Ejecutado Político. Ahí pudimos hacer ese funeral que no pudimos hacer por tanta represión anteriormente y fue una ceremonia bonita, fueron alumnos de aquí de la universidad, de otras generaciones, porque en todo este tiempo nos han acompañado distintas generaciones de esta universidad y por eso es hermoso ver todas estas caras jóvenes que están ahora de nuevo acompañándonos como familia en este recuerdo y esta remembranza.
Ese día se hizo ese funeral y, a pesar que ya habían pasado casi veinte años, estaba lleno de pacos por todo el camino, pero se hizo. Ese día escuché a mi mamá, cuando le pasan la cajita chiquitita, porque eran solo sus huesitos, y ella se despide y dice “hijo, ahora me puedo morir tranquila”. Nosotros ya vivíamos en Quilpué, mi mamá había enviudado, y al otro día, cuando le llevo el desayuno, la encuentro muerta. Ella cumplió lo que dijo y se fue, seguramente Marcelo la esperó y la recibió, estaba tranquila.”
Luego de estas hermosa, profunda y emotiva semblanza de Marcelo Barrios entregada por su hermana Gladys, Florencia Frez y Antonia Campusano, presidenta y vice presidenta del Centro de Estudiantes de la carrera de Historia y Geografía, hicieron uso de la palabra, para manifestar lo siguiente:
“Marcelo ingresó el año 88 a la Universidad de Playa Ancha a la carrera de Pedagogía en Historia y Geografía. Viajó desde Punta Arenas a Valparaíso persiguiendo la vocación docente con convicción y compromiso. Sus conocidos los describen como un joven estudioso, atento y luchador, que deseaba que todos pudiéramos tener una vida digna. A pesar de todos los obstáculos que le provocó el sistema y la dictadura fascista de Augusto Pinochet, logró titularse de cuarto medio en Punta Arenas y rendir la Prueba de Aptitud Académica, accediendo finalmente a la educación superior. Para nosotros es un honor recorrer los mismos pasillos que pisó Marcelo y tenemos la certeza que su valentía y rebeldía han quedado impregnados para siempre en las paredes de esta universidad. Marcelo nos motiva a ser profesores y profesoras con convicciones y críticos. Esta carrera se construye constantemente a sí misma y la figura de Marcelo es una inspiración de que por más desigual que sea la cancha, tenemos que dar todo de nosotros por defender lo que nos corresponde y luchar por lo que es justo.
Marcelo fue un compañero de nosotros, era como tú, como yo, que entró a esta universidad lleno de sueños. Sabía que en la pedagogía podía encontrar las herramientas para ayudar a las infancias y se preocupó siempre de ello, de ser un aporte, de organizarse a temprana edad para hacerle frente a una dictadura que asesinaba a cualquiera, hombre, mujer, niño, niña, que le hiciera frente. No dudamos que escogió esta universidad, esta carrera, porque era la que más se alineaba con sus ideales, y son esos principios los que debemos traer de vuelta a la UPLA, que seamos capaces de hacer frente a todas las autoridades, las de gobierno y las de este mismo lugar que creen que por tener un poco de poder pueden pasar por encima del estudiantado. Muchas veces quieren callar nuestras voces, ponernos en nuestra propia contra, desarticularnos. Muchas otras veces también querrán quitarnos lo que nos corresponde, negarnos lo básico, degradarnos, y es por ello que hoy más que nunca, con este fascista que tenemos como presidente, debemos ser valientes como Marcelo, tenemos que luchar, tenemos que resistir.”
GUILLERMO Correa Camiroaga, Va
lparaíso 31 agosto 2026

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