Una coreografía multicolor de miles y miles de trabajadores y estudiantes se movilizó durante tres días por las calles de Valparaíso en defensa de la salud y la educación, denunciando las malas condiciones en que se encuentran en sus respectivos ámbitos y el deterioro aún mayor que se producirá en estos derechos sociales debido a los recortes presupuestarios implementados por el actual gobierno de ultraderecha encabezado por José Kast.
La armoniosa melodía proveniente desde la calle, de esta marea de voluntades que luchan por la defensa de sus derechos, se alzó vibrando desde el pavimento por el paso acompasado de la multitud, acompañado de cánticos y consignas alusivas a sus demandas, sonido que fue amplificado por los muros de los edificios circundantes del plan de Valparaíso. Esto no solo nos trasportó a otras sinfonías rebeldes de nuestro pasado reciente, sino que atrajo poderosamente la atención de la gran cantidad de porteñas y porteños que se desplazaban por las veredas a mediodía a lo largo del recorrido de las marchas. Mientras unos miraban de reojo el paso de las y los manifestantes y seguían caminando, muchos detenían su andar para escuchar las consignas y leer con atención los lienzos y pancartas que explicaban los motivos de estas masivas protestas convocadas por la CONFUSAM (Confederación Nacional de Funcionarios y Funcionarias de la Salud Municipalizada) y la CONFECH (Confederación de Estudiantes de Chile) respectivamente, aplaudiendo o permaneciendo en silencio, pero dentro de ese silencio hay también una rabia acumulada de años de opresión e injusticia debido a un modelo de dominación que fue diseñado en la Constitución del 80 durante la dictadura civil militar y que sigue plenamente vigente en nuestro país.
Fue precisamente en la calle donde se rompió ese silencio y estalló con la furia de un volcán en octubre del 2019 y con un grito desgarrador recorrió Chile a lo largo y ancho de todo su territorio, agrietando los cimientos del modelo de dominación, hace tan solo siete años atrás, pero la ausencia de un movimiento popular autónomo y organizado permitió las componendas que, desde las elites y el poder institucional, implementaron el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución para encausar la marea rebelde por los canales institucionales que habían sido desbordados, momento donde también la pandemia aportó lo suyo con el confinamiento, que fueron factores determinantes en la desarticulación de las incipientes organizaciones territoriales y sectoriales que habían comenzado a florecer por todas partes al calor de la lucha desplegada.
Las causas que provocaron dicha rebelión siguen estando presentes y agravándose con el gobierno actual. Las manifestaciones consecutivas de los trabajadores y las trabajadoras de la atención primaria de la salud municipalizada con el paro activo de los días 29 y 30 de septiembre, enarbolando como consigna principal “¡No a los recortes presupuestarios en la Atención Primaria!”, y luego la de los estudiantes universitarios con el paro del 1° de octubre bajo la consigna “¡Ni un peso menos para educación!”, nos muestran que algo nuevo está sucediendo en el terreno de las movilizaciones. Hacía tiempo que la voz de la calle no resonaba con tanta fuerza, masividad y en un período de tiempo tan acotado como lo fueron estos tres días consecutivos de protesta callejera acá en Valparaíso.
Es posible elucubrar, en este contexto de lucha que comienza a dar sus primeros pasos en la calle, que la depresión, la apatía y el duelo producto de la derrota del “Apruebo”, proceso donde la gran mayoría de chilenos y chilenas creyeron en la ilusión constitucional y desplegaron todos sus esfuerzos en aquello, estaría llegando a su fin y el desaliento y la pasividad post derrota institucional estaría dando paso a un nuevo ciclo rebelde que podría ir más allá de las coyunturas electorales. Esa es una de las hipótesis que puede ser planteada en estos momentos, pero, por otro lado, puede ser que estas movilizaciones, la ocupación nuevamente de las calles, solo corresponda a coletazos de indignación por la derrota electoral reciente que instaló a Kast como presidente y se esté pensando exclusivamente en acumular fuerzas para el próximo proceso electoral. La reaparición en la esfera pública de Boric y Bachelet, la mala memoria y la idealización de procesos anteriores se inscriben, evidentemente, en esta segunda reflexión.
Solo el bullicio de la calle podrá contestar estas interrogantes planteadas a manera de elucubración en el párrafo anterior. Tendremos que estar atentos y receptivos para observar, como se dice coloquialmente, “para dónde va la micro” y, además, tampoco debemos olvidar el refrán “una golondrina no hace verano”.
Guillermo Correa Camiroaga, Valparaíso 01 octubre 2026








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