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UN CAFÉ, TERTULIA Y MEMORIA "El Tanquetazo"


 En una amena y variopinta conversación entre amigos que cotidianamente compartimos un café en Valparaíso el viernes pasado salió el tema del “tanquetazo” del 29 de junio de 1973, episodio de nuestra historia que se ha interpretado incluso como un ensayo previo al golpe de estado del 11 de septiembre destinado a sopesar la capacidad de respuesta del gobierno popular ante una asonada sediciosa.  
De forma espontánea surgió la pregunta si recordábamos cómo vivimos y reaccionamos ese día ante dicho acontecimiento, teniendo en cuenta que éramos en ese entonces unos apasionados y entusiastas jóvenes que participábamos decididamente del proceso que llevaba adelante el gobierno de la Unidad Popular encabezado por el presidente Allende.  
Juan, uno de los contertulios presentes en el “café filosófico”, como él suele llamar a estos encuentros, planteó que había que hablar del contexto general que atravesaba el proceso de la Unidad Popular hace 53 años atrás y las disquisiciones sobre la vía chilena al socialismo, reformismo y revolución fueron parte de una acalorada discusión que, como en muchas otras ocasiones anteriores en el local del Fotocafé, no cristalizaron en alguna conclusión consensuada.   
Volviendo a responder la pregunta que nos planteamos inicialmente, Roberto, quien era estudiante de educación Física en la Universidad Católica en junio del 73 y simpatizante de las Juventudes Socialistas, recordaba que se reunieron en la Casa Central la tarde del 29 con algunos dirigentes quienes les plantearon la necesidad de organizarse y distribuirse en diferentes sedes partidarias para su defensa, ya que, debido a la asonada militar encabezada por el teniente coronel Roberto Souper, que fue sofocado durante esa misma mañana por el Comandante en Jefe del Ejército Carlos Prat, era posible que ocurriera alguna situación similar en Valparaíso y había que estar preparados. Agrega Roberto que todos los integrantes del núcleo en el que participaba se votaron en rebeldía, cuestionaron a los dirigentes y no acataron sus directrices, pues consideraban una tontera ir a defender con las manos vacías los locales partidarios, razón por la cual decidieron no participar en dicha iniciativa. 
Por mi parte, era estudiante del tercer año en la Escuela Dental de la Universidad de Chile, también simpatizante de la Juventud Socialista, integrante del núcleo socialista de Odontología y, en el caso nuestro, la disposición asumida fue diferente. Nos citaron esa tarde a las dependencias del Instituto Pedagógico donde dirigentes del Partido Socialista hicieron un somero análisis coyuntural de la situación sucedida durante la mañana del 29 en Santiago y posteriormente fueron realizando una especie de esquema sobre un pizarrón con los nombres de distintos regimientos y unidades militares de la región de Valparaíso, detallando cuáles eran afines, contrarios y/o indecisas en su apoyo al gobierno de la Unidad Popular. No recuerdo que alguien haya cuestionado dichos planteamientos, ya que, a la luz de lo acontecido en Santiago, como recalcaron los mismos dirigentes, donde regimientos y soldados obedecieron decididamente al Comandante Prat para neutralizar la asonada golpista encabezada por Souper, dichos análisis, en ese momento, tenían bastante coherencia. Claro que ahora, interrumpió Juan tratando de volver a las reflexiones del “café filosófico”, 53 años después y con todo lo ocurrido, era bien descabellada, por decir lo menos, esa interpretación. Como se dice coloquialmente no “agarramos papa” con lo planteado por Juan y continuamos rememorando ese día en específico. 
Luego de esta introducción y reflexión de los dirigentes, continué mi relato, nos plantearon que desde el Partido se había decidido una especie de acuartelamiento general esa noche, razón por la cual era necesario distribuir a los militantes y simpatizantes en las distintas sedes partidarias, centros de estudio e industrias, especialmente del Cordón El Salto.  
Para una mejor distribución comenzaron a preguntar a cada uno de los presentes cuál era el grado de instrucción que manejaban, refiriéndose a cursos de AGP, categorías 1,2, 3 y otros. Con otro compañero de la Escuela Dental, también de nombre Roberto, como teníamos conocimientos técnicos y prácticos de primeros auxilios, fuimos designados como “encargados de sanidad” y asignados a acuartelarnos en una sede del Partido Socialista que quedaba en la calle 5 oriente, a la altura de 10 norte en Viña del Mar, pero no recuerdo exactamente la dirección.  
Después del encuentro en el Pedagógico y la distribución a los distintos lugares de acuartelamiento asignados a cada uno de quienes concurrimos a la reunión, con Roberto, mi compañero de carrera y del núcleo socialista de la Escuela Dental, nos preocupamos de apertrecharnos con materiales e instrumental de primeros auxilios, confeccionando cada uno un botiquín portátil con el que nos presentamos durante la tarde noche en la sede partidaria correspondiente. Allí nos encontramos con un número cercano a unos 6 a 8 compañeros y mientras nos presentábamos y organizábamos nos percatamos que para la autodefensa de dicho local solo había algunos linchacos, un par de hondas y unas cuantas molotov, pero, ningún tipo de armamento, a pesar que se especulaba y prometía en cada ocasión que se solicitaban recursos materiales efectivos para defenderse que todo estaría a disposición en el momento adecuado.  
Ya estábamos ahí y a cumplir la tarea. Se distribuyeron los turnos rotativos de vigilancia en las afueras de la sede y, salvo un llamado de alerta por la circulación de unos autos sospechosos que pasaron durante la madrugada por el sector, durante toda la noche no sucedió nada. El rumor presente en ese momento era que integrantes del grupo Patria y Libertad estarían dispuestos a atacar la sede u otros locales. Nada ocurrió, pasamos la noche en vela y alertas y al llegar el nuevo día, después de un análisis de la situación vivida, se decidió que cada uno de quienes nos encontrábamos allí retomara sus labores habituales. 
Así, con mi compañero de universidad, cada uno con su botiquín a cuestas nos regresamos a nuestras respectivas casas, ya que siendo día sábado, no teníamos clases. 
De esta manera, compartiendo una vez más en la “mesa filosófica” del Fotocafé, al cumplirse 53 años del tancazo, vinieron a nuestra memoria estos retazos de historia que quise compartir en esta pequeña crónica. 
Guillermo Correa Camiroaga, Valparaíso 29 junio 2026   


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