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¿QUE SE TEJE ? YO APRUEBO, TÚ APRUEBAS, ÉL APRUEBA, NOSOTROS APROBAMOS. . .ELLOS GANAN

Es inevitable preguntarse lo qué está pasando en Chile en estos momentos y lo que pensamos que ocurrirá en los próximos meses con el Plebiscito de abril incluido.
Ante lo complejo del panorama político nacional que se ha ido configurando desde el reventón social del 18 de octubre del año pasado y especialmente con posterioridad a la firma del “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución”, lo que está sucediendo en Viña del Mar esta última semana de febrero, con el Festival de la Canción como telón de fondo, permite aventurar ciertas respuestas, ya que refleja de alguna manera la realidad nacional y los efectos que se derivan  de la cuña divisoria que logró introducir el gobierno de Sebastián Piñera junto a las elites y la clase política institucional mediante el  acuerdo político citado anteriormente, en donde el llamado a participar en el Plebiscito del 26 de abril próximo ha logrado instalarse como la “madre de todas las batallas”, pero preocupándose de dejar en la oscuridad y el secretismo el elevado quórum de los 2/3 para aprobar cualquier contenido de la Nueva Constitución, lo que se traduce en la práctica concreta en que la minoría le gana a la mayoría, como ocurrió en el caso de la votación del Senado de la República realizada el 7 de enero de este año proponiendo que el agua fuera un bien común de uso público, en donde 24  Senadores votaron por que así fuera, pero 12 se opusieron y como el quórum de los 2/3 exigía que fueran 29 votos, la minoría le ganó a la mayoría.
Precisamente este es el mismo quórum exigido para aprobar cualquier norma de la nueva constitución que se elaborará después del triunfo de la alternativa “Apruebo” en el Plebiscito del 26 de abril próximo.
La paradoja de todo esto es que con la participación en el Plebiscito delineado desde las elites el “yo apruebo, tú apruebas, él aprueba, nosotros aprobamos…” se convertirá una vez  más - como  sucedió en el Plebiscito del 88, en el: “ellos ganan”.
 Lo que ocurre en la ciudad jardín con la realización del Festival Internacional de la Canción, las protestas y la represión que se han generado diariamente en torno a este certamen, permiten aventurar ciertas apreciaciones a partir de la observación directa de dichos hechos.
Mientras en las calles de Viña la rebeldía popular muestra enérgicamente su descontento con la realización del Festival , los artistas y el público que asiste masivamente a participar de dicho espectáculo ( que debe cancelar un elevado monto por las entradas, cuyo valor va desde los 30.000 a los 115.000 pesos ) muestran la cara amable de la protesta “en la medida de lo posible” , aquel rostro amable y de “normalidad” que el gobierno de derecha de Sebastián Piñera, las elites y los poderosos de siempre quieren establecer .
Humoristas y cantantes pueden decir lo que quieran en el controlado espacio de la Quinta Vergara, mostrando a través de la televisión y los medios de comunicación tradicionales la tolerancia y libertad de expresión de que goza nuestro país, mientras por otro lado se reprime con fuerza la expresión  de rebeldía de las chilenas y chilenos que desde los espacios extraparlamentarios y en las calles, rechazan con sus acciones de protesta las “migajas democráticas” que la farándula festivalera ofrece.
 La vieja y manoseada táctica de la zanahoria y el garrote toma así cada vez más cuerpo, ya que se resalta que el camino correcto para “resolver los problemas” solo es la opción acotada, bien delimitada y encausada  en los límites impuestos desde las esferas del poder, concretado en la consulta ciudadana del “apruebo o rechazo”.
Las campañas del terror orientadas a satanizar a quienes no se han tragado de buenas a primera estos “cantos de sirena” provienen no solo de la derecha más dura, sino también desde algunos sectores del propio campo popular que ha aceptado, con más o menos reparos, la propuesta gubernamental.
Recientemente pude escuchar en directo la lectura del libreto que acompañó al “Festival de la Dignidad” que se realizó en la Plaza Sucre de Viña un par de días antes que se iniciara el ”festival oficial”, en donde se relataba que al triunfar la opción “apruebo” y “convención constitucional ” el 26 de abril próximo, el agua sería de todos los chilenos, se terminarían las AFP, tendríamos salud digna, educación gratuita y de calidad, pensiones dignas y otra serie de ofertas al más puro estilo de las campañas publicitarias de la sociedad de consumo, aunque matizando que “no será tan fácil como parece”. Sin duda una “publicidad engañosa”, siguiendo con la metáfora consumista.
También en numerosos actos he podido escuchar un reiterado y genérico llamado a la paz y la unidad, pero a esa paz estipulada en el  Acuerdo elaborado por el gobierno encabezado por Sebastián Piñera, gobierno que la inmensa mayoría de los chilenos repudia y rechaza lo que ha quedado demostrado en numerosas encuestas y en las multitudinarias manifestaciones callejeras.
El grito exigente de una Asamblea Constituyente libre y soberana, desde, para y por el pueblo, se ha ido diluyendo y ha pasado a transformarse para muchos sectores que rechazaron hasta hace muy poco y  tajantemente el “Acuerdo por la Paz y una Nueva Constitución”,  en un par de letras (AC) a escribir en la papeleta electoral.
 Los maestros de la publicidad y las comunicaciones están desplegando desde hace algún tiempo todo su profesionalismo y capacidad creativa para desarrollar una nueva campaña que permita ofrecer, como ya lo hicieron muy bien en el pasado reciente, un nuevo y alegre arcoíris multicolor trasmutado esta vez en la nueva Constitución que se elaborará en la Convención Constitucional con el triunfo del “Apruebo” en el Plebiscito del 26 del abril, dejando en el olvido la “letra chica” del quórum de los 2/3, que es un verdadero cinturón de castidad o la clave secreta que tiene en sus mano la derecha y los sectores conservadores, para mantener, aún cuando permita que se le realicen algunas reformas cosméticas, el modelo neoliberal consagrado en la actual Constitución.
De esta manera, ya no será la Constitución elaborada en dictadura la que consagre el modelo neoliberal, sino una elaborada en democracia y con la participación de “toda la ciudadanía”.
Por cierto, esta es solo una opinión personal y que no pretende representar a nadie más que quien la está emitiendo en esta pequeña y parcial reflexión.









Guillermo Correa Camiroaga, Viña del Mar 27 febrero2020

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